jueves, 16 de abril de 2009

Viaje Camboya y Tailandia. Dia 4.

En primer lugar quiero pedir disculpas por haber tardado tanto en actualizar… Pero cuando tienes más de 800 fotos y solo tienes que seleccionar unas 30 como mucho para colgar en el blog, (que al final en este post se han quedado en algo más de 40) pues como que va dando bastante pereza la cosa, hehehe… y dicho esto vamos al lío…

Tras casi 5 horas de viaje por carreteras nacionales camboyanas, en las que todo sea dicho todos nos dejamos caer en los brazos de Morfeo puesto que el cansancio ya empezaba a hacer mella en nosotros…




Acabamos llegando a Siem Reap, la segunda ciudad más importante de Camboya y además la más turística, ya que cerca de ella se encuentran los templos de la cultura Jemer de Angkor.

A pesar de haber llegado a eso de las 10 de la noche a la ciudad, nuestro shifu (maestro en chino, pero que se utiliza también para llamar a los conductores de taxi… vendría a ser algo asó como “jefe”) se empeñó en dar vueltas por la ciudad durante algo más de media hora buscando la dirección del Guest House donde nos íbamos a alojar… Cuando ya estábamos a punto de matarlo, porque el tío no quería llamar por teléfono para que le indicasen la dirección acabamos por encontrar la calle, por lo que se libró de un par de collejas de milagro.

Tras registrarnos en el Guest House, propiedad de un italiano que había estado viviendo en España durante unos años nos fuimos al centro en busca de algún lugar que aún estuviese abierto, para poder cenar algo.

Tras sortear varios conductores de tuk tuk que no hacían mas que ofrecernos “ladys” acabamos cenando en una pizzería francesa en la que no estaba nada mal la comida.

Cuando nos volvíamos para acostarnos aprovechamos para reservar un tuk tuk, para que viniese a recogernos a las 5 de la mañana del día siguiente para así poder ir a ver el amanecer desde los templos de Angkor. Si no vas a ver el amanecer puedes conseguir un tuk tuk por 15 USD todo el día… pero al venir el hombre tan temprano a recogernos pagamos 20 USD.

Al final acabamos acostándonos a eso de la 1 de la madrugada y a las 5 de la mañana ya estábamos como un clavo esperando a que llegase nuestro tuk tuk.

Tras unos 20 minutos de trayecto en medio de la oscuridad



E ir pasando algo de frío acabamos llegando a Angkor Wat, donde ya nos esperaba una manada de jóvenes camboyanos ofreciéndonos desde agua a café caliente, además de otros cientos de personas que habían venido como nosotros a ver el amanecer.

En cambio nosotros, aconsejados por el dueño del Guest House, nos fuimos al templo de Phnom Bakheng, que normalmente suele ser el preferido para ver la puesta de sol, ya que es el único que se encuentra sobre una montaña.

Cuando llegamos aun era noche cerrada y el camino entre los árboles y arbustos en plena oscuridad y sin nada que nos alumbrase para poder ver por donde pisábamos se nos hizo algo complicado, pero tras alrededor de 15 minutos de subida en la oscuridad acabamos llegando a la cima.

Allí solo nos esperaban 5 o 6 pequeños grupos de 2 o 3 personas, por lo que se respiraba tranquilidad e invitaba a la relajación mientras esperábamos a que el sol apareciese por el horizonte.



Poco a poco pudimos ir viendo el templo en el que nos encontrábamos





E incluso descubrir como entre la niebla y la jungla asomaban las tres torres principales de Angkor Wat. Donde la mayoría de la gente esperaba para ver el amanecer





Cuando por fin se hizo bien de día decidimos que ya era momento de cambiar de templo, pero tras bajarnos de lo alto del templo, la luz anaranjada contra las rocas le daba un aspecto increíble al templo, por lo que nos entretuvimos a sacarle un par de fotos más para recordar el momento.





Al llegar al pie de la colina nos esperaba nuestro nuevo shifu con su tuk tuk y tras consultar el mapa nos dirigimos hacia otro de los templos más importantes del complejo Bayón, famoso por sus caras esculpidas en las torres del templo.



De camino hacia Bayón entramos por las puertas de Angkor Thom, la antigua ciudad amurallada, por un camino escoltado por grande figuras de piedra esculpida



Y a los 5-10 minutos llegamos al templo, que además resulto ser uno de los más grandes y con más habitaciones.





Aquí podemos ver algunos de los detalles de las enormes caras esculpidas en los torreones





Además el interior del templo resulto ser casi laberíntico





Pero no os penséis que los templos se encuentran abandonados y solo disponibles para los turistas. En muchos de ellos se pueden encontrar budas o monjes rezando





Terminada la visita a este templo se impuso una parada técnica para ir a desayunar, pues ya eran sobre las 10 de la mañana y aun no habíamos comido nada desde que nos habíamos levantado.

Nos dirigimos a la zona de “restaurantes” donde nos asaltaron cientos de niños ofreciéndonos todo tipo de souvenirs. Desde imanes con la imagen de Angkor Wat hasta Lonely Planets de Camboya tan fakes como las que puedes encontrar en China, si no más…





El momento curioso fue cuando mientras desayunábamos un grupo de niños que no tendrían más de 8-9 años nos preguntaron en un inglés casi perfecto que de dónde éramos y al decirles que éramos de España, nos contestaron… Ah si… Madrid, Barcelona, Zapatero… Os podéis imaginar la cara con la que nos quedamos al escuchamos nombrar al presidente de las Hispanias… Para que luego digan que ZP no es conocido en el extranjero…

Una vez acabado el refrigerio nos fuimos hacia Phimeanakas,



Que es un templo que es muy utilizado por los budistas… De hecho no pudimos resistir la tentación de prender una varilla de incienso en la cima del templo.



Eso si, después de haber disfrutado de las vistas desde la altura, viendo como los arqueólogos prosiguen con los trabajos de restauración de los templos.



Siguiendo la ruta que nos habíamos marcado y a menos de 5 minutos andando desde este templo llegamos a la terraza de los elefantes, que es un de 350 metros de largo lleno de figuras de elefantes y que el antiguo rey utilizaba para hacer grandes audiencias o presidir los desfiles de las victorias.





Y desde allí directos en tuk tuk hacia Ta Keo que es un templo inacabado con unas escaleras realmente empinadas. De hecho en uno de los laterales vas prácticamente escalando con los pies y con las manos al mismo tiempo para poder llegar a la cima.



Tras un breve descanso en la cima, nos dirigimos hacia otro de los más famosos templos de Angkor, Ta Prohm y su templo cercano Preah Khan, muy famosos porque han sido invadidos por los árboles de la jungla, destrozando muchos de los muros o incluso creciendo sobre ellos.











Aquí por desgracia nos encontramos con toda la gente que veía haciendo el recorrido al contrario que nosotros, es decir viendo en amanecer en Angkor Wat y el anochecer en Phnom Bakheng, por lo que no pudimos hacernos una foto como Dios manda en uno de los sitios más famosos de este templo, la puerta rodeada de raíces y que además aparece en una de las películas de Tomb Raider.



Pero bueno, aún así gracias a un guía local al que le pagamos 3 USD para que nos enseñase los mejores “spots” del templo conseguimos saltarnos la cola y hacernos una fotillo medio decente en la puerta.



Aquí tenemos a nuestro simpático guía



Que entre otros detalles como esta cara labrada en los muro, atrapada por los árboles



También nos enseño una sala con una resonancia muy especial. Al darte un golpe en el pecho, se creaba una especia de GOOONNGGGG amplificado en la sala debido a la forma cónica del techo. Aquí nos podéis ver probando la curiosidad sonora de la sala.



Y después de este templo, ya solo nos quedaba por ver Angkor Wat, de los templos grandes, así que decidimos dar una paseo por los pequeños templos que están casi derruidos en su mayoría o bien en vías de rehabilitación, para finalmente ir a comer algunas de las especialidades locales.





Una vez descansados, con el estómago lleno y energías renovadas nos dirigimos hacia Angkor Wat, para acabar entrado por su parte trasera, que tal vez no sea tan espectacular como la principal, pero no deja de tener su encanto.





Y tras un buen paseo por su interior y ya algo cansados de ver tanta piedra, decidimos que era el momento de marcharnos antes de que se hiciese de noche, para así poder cenar a una hora decente e ir a visitar el mercado nocturno de Siem Reap, pero no sin antes dar una mirada atrás, para ver el templo con su lago en todo su esplendor



Acabamos llegando al Guest House alrededor de las 7 de la tarde con mucho cansancio acumulado, por lo que decidimos darnos una buena ducha y dormir una horita antes de ir a cenar.

Ya en el centro de Siem Reap, aprovechamos para ir a darnos un masaje a aliviase un poco el dolor de nuestros cansados músculos para luego ir a cenar, esta vez a uno de los restaurantes que recomendaba la Lonely Planet, que la verdad no estaba mal, pero creo que comimos mejor y más barato en Angkor.

Además aprovechamos para informarnos de cómo podíamos hacer para llegar a la frontera con Tailandia y al final nos decidimos por hacer un trayecto en barco que salía a las 8 de la mañana y que hacía un trayecto de unas 6 horas a través de la jungla en dirección a Batdambang para desde allí ir en bus hasta la frontera.

Una vez cenados aprovechamos para ir al famoso mercado nocturno de Siem Reap, donde compramos alguna parafernalia camboyana, camisetas, aceites balsámicos o pantalones tradicionales, para acabar llegando al Guest House de nuevo a eso de la 1 de la madrugada completamente exhaustos.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Viaje Camboya y Tailandia. Dia 3.

A pesar de haber llegado un poco tarde la noche anterior, el 3º día de viaje nos levantamos a las 9 de la mañana. No habíamos venido para pasarnos las mañanas durmiendo hasta las mil.

Nos fuimos a la recepción del hotel y mientras nos tomábamos un desayuno a base de zumos naturales, piña, coco, etc... negociamos el alquiler de unas motos para pasar el día a nuestro aire.

Hoy tuvimos más suerte que la noche anterior y las tiendas que estaban abiertas ya habían recibido algunas motos, por lo no tuvimos mayores problemas. El dueño de la tienda vino a recogernos con 2 motillos de 125cc y nos fuimos con él a recoger nuestras motos al estilo camboyanos... Es decir, por lo menos 3 personas en cada moto.



A pesar de ser un país casi sin ley, y que nadie usa casco cuando va en moto, en la tienda nos recomendaron, que para mantener la salud de nuestro bolsillo, lleváramos el casco puesto y que usásemos los intermitentes en los cruces, para no dar excusas a la policía para que nos multasen.

Precio final 5 USD por cabeza por alquilarlas durante todo el día. Si no hubiese sido el año nuevo chino, seguramente las podríamos haber conseguido por 3 o 4 USD, pero al estar casi todas las tiendas cerradas, al final tuvimos que aceptar ir a la tienda de alquiler que “conocían” los del hotel.

A pesar de las pocas horas de sueño y la resaca que evidentemente nos acompañaba, después de la juerga del día anterior, nos fuimos directos a visitar el mercado central de Phnom Penh,





Donde te puedes encontrar todo tipo de delicatessen, empezando por unos saltamontes en hielo



Unos cuantos gusanos al peso



O unas siempre deliciosas cabezas de pescado recién cortadas



Pero bueno... No todo iban a ser estas maravillas tropicales, que nuestra vista, olfato y estómago estaban degustando. También había cosas mas mundanas, como frutas, embutidos, pescadito fresco en palanganas, legumbres y hasta unas langostas y cangrejos de río que no tenían mala pinta.











Aunque el plato fuerte nos esperaba justo cuando ya estábamos saliendo del mercado para volver a respirar un poco de aire fresco... Nada más y nada menos que todo un cochinillo!



No solo en el mercado puedes encontrar sitios donde comprar. Alrededor de la plaza se encuentran cientos de puestecillos callejeros en los que puedes encontrar prácticamente de todo. Desde uno cocos,



Hasta una tienda de zapatos fashion. Y atención no perdáis el detalle de las zapatillas de león peludo que lleva una de las clientas!!! Espero que por lo menos sean cómodas, porque con el calor que hacía no me puedo imaginar como se le ocurre llevar semejante cosa en los pies... A mi se me quedarían abrasados, por no hablar de los sudores y olores entre los dedos



Una vez recuperado el color de la cara y con el estómago más asentado tras 15 minutos fuera del mercado, decidimos volver a por las motos y sumergirnos entre el tráfico para pasar una par de horas al estilo camboyano, mientras visitábamos los mejores sitios de la ciudad...

Si algo bueno tiene Phnom Penh es que no hay mucho tráfico de coches, aunque hay que tener cuidado con las miles de motos que circulan a tu alrededor y por supuesto con los elefantes.





A lo tonto fue pasando la mañana y el hambre empezaba a apretar, así que nos volvimos a la zona del río, donde casi todos los restaurantes a tomarnos unos buenos platos de pasta que nos diesen energía para el resto del día. Fuimos a dar con un restaurante en el que además de comida y las típicas copas, tenías la opción de tomar intoxicantes directamente.



Por lo menos aquí son legales y ya sabes que te van a poner garrafón... Esta vez declinamos la oferta y después la comida y los correspondientes cafeses... De vuelta a la carretera... Aunque esta vez nos alejamos de los típicos sitios y decidimos meternos por los arrabales a descubrir lo que no sale en las guías de viaje.



Y aquí es donde realmente te puedes empezar a dar cuenta de lo pobre que es este país. Las casa son prácticamente chabolas y el asfalto realmente llega a brillar por su ausencia, al igual que la limpieza. Todo son fuertes olores y suciedad.



Después de recorrer unas cuantos caminos, empezaron a saltar las luces de la reserva de gasolina, por lo que nos acercamos a una pequeña gasolinera, en la que los surtidores eran unos bidones con unas bombas de extracción manual.



Es cierto que no todas las gasolineras son así, pero no nos olvidemos que estamos hablando de la capital del país.

Después de llenar los depósitos con 2 $, y que el buen hombre de la gasolinera nos presentase a su hija y se empeñase en decirnos que era muy buen partido, que era muy mona y que hablaba muy buen inglés… seguimos nuestra visita turística, pero esta vez con destino definido. Nos fuimos a la antigua prisión 21-S, en donde el ejército de los Khemeres Rojos cometieron cientos de miles de atrocidades durante los 4 años que estuvieron en el gobierno de Camboya.

Aquí podemos ver el patio principal con los barracones A (al fondo) y B (a la derecha), en donde todos los opositores al régimen eran encarcelados y torturados hasta la muerte o mientras esperaban a ser traslados a los campos de exterminio.



Aquí tenéis otra de las vistas del patio principal



Las cajas blancas que veis a la derecha son las tumbas de las últimas 14 personas que se asesinaron en la cárcel antes de que los Khemeres Rojos abandonases la ciudad y que encontraron muertas cuando las tropas vietnamitas entraron en 1979 la capital, derrocando así al Partido Comunista liderado por Pol Pot y fundando la República Popular de Kampuchea.

Estar en este centro de tortura-prisión sinceramente te deja helado. Cuando ves las habitaciones en las que se cometían las torturas, las fotografías de mucha de la gente asesinada, las listas en las paredes, imágenes de las fosas comunes…





Solo como reseña histórica, comentar que prácticamente un 25% de la población de Camboya fue asesinada durante los 4 años que duró el experimento social ultra-izquierdista de Pol Pot, en donde toda la población fue llevada al campo para obligarla a cultivar, donde cualquier persona que hablase otra lengua que no fuese la oficial (como el francés, por ejemplo) o utilizase gafas, se consideraba que estaba en contra del gobierno, por ser gente instruida y con cultura, donde los oficios como médicos o enfermeros eran repartidos casi por sorteo, donde se separaba a hombres y mujeres y se les “casaba” casi por sorteo con el único fin de procrear entre otras muchas atrocidades…

Y dicho esto, después del bajón moral que nos supuso pasar casi dos horas y media en la cárcel-museo reemprendimos nuestro viaje en moto hacia el hotel, ya que se nos hacía tarde porque teníamos planeado llegar a Siem Riep esa misma noche y nos quedaban 315 Km de carretera nacional Camboyana.

En el hotel empezamos a ver los precios de los coches y los buses hasta Siem Reap… y después de pensárnoslo un poco, decidimos tirar la casa por la ventana y alquilarnos una furgoneta de 9 plazas con chófer para nosotros 4. Salía un poco caro pero repartido entre 4 y con la comodidad de ir nosotros solos, la verdad es que mereció la pena poder ir un poco más descansados y así mantener algo las fuerzas para los otros 3 largos días que aún nos quedaban por delante.



Ya de camino a Siem Reap, decidimos pasarnos por uno de los campos de exterminio que quedaba cerca de Phnom Penh, que salvo por que tienen un osario con las calaveras de los asesinados que se encontraron en las fosas comunes, bajo mi punto de vista no es algo muy interesante de ver.





Y terminada la visita, reemprendimos la marcha por Camboya adelante por esas maravillosas autovías...